No hay muerto malo ni recién nacido feo.

La postura sostenida en esta frase no dista mucho de la percepción que tenemos de la Realidad. Al momento de nacer somos admirados por nuestros familiares y allegados y al momento de morir todos son admirados y afloran los buenos recuerdos de los momentos compartidos con esos seres especiales que de una u otra forma nos marcan. Analizando este fenómeno me surge una duda: ¿y en el intermedio que sucede? ¿Lo que hacemos con nuestra vida es cónsono con la percepción que damos al nacer o al morir?

Hagamos de nuestra vida un ejercicio constante de superación, hacer el bien sin mirar a quien, comprender que el beneficio colectivo está por encima del individual, el poder crecer cada día más como personas y no dejar que nuestro paso por esta vida sea en vano.

No esperemos al final de nuestras vidas para hacernos sentir en esta sociedad como sujetos generadores de cambio, hacedores de felicidad y buen vivir para todos los que nos rodean. Fomentemos los valores de honestidad, respeto, solidaridad y amor en nuestros niños y hagamos de este un mundo mejor.

 

“No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.  M.T de Calcuta”

Hasta la próxima Semana.

El Lapo.    

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